sábado, 19 de enero de 2013

Desde Buelna














El suelo calizo dibuja el terreno.




 








 














Desde la playa interior de Cobijeru, en Buelna (Llanes), podemos dirigirnos hacia el este bordeando con cuidado el acantilado por la servidumbre de costas. Caminamos en dirección al bufón de Santiuste por las sendas ceñidas a las paredes socavadas por el mar. La costa se niega a seguir la línea recta e, irregular, forma entrantes y salientes, pequeñas ensenadas, o diminutas lenguas de arena depositadas en lo alto del perfil rocoso del acantilado. El lapiaz desnudo de la piedra, trabajado una y otra vez por la acción de las aguas y el viento, se combina con simas y desniveles. Los pescadores conocedores de la zona, se adueñan de los mejores sitios para lanzar las cañas. La carretera nacional N-634 pasa cerca y, sin embargo, los sentidos ignoran el ruido de los vehículos de motor ya que están concentrados en no perder detalle de ese paisaje al mismo tiempo sencillo y abrumador. 





















 













 Territorio de los pescadores que siempre están al borde del acantilado.























 

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