jueves, 8 de agosto de 2013

La Plaza de Colombres



Siempre que me acerco a Colombres, me detengo unos instantes en la Plaza. Su promotor, el indiano Manuel Ibáñez Posada, conde de Ribadedeva, no llegó a verla. Murió en 1891 y fue su hermano Luis el que continuó la obra. De forma ovalada, transmite las ideas de orden, centro y modernidad urbana que impulsaron este proyecto de finales del siglo XIX. En derredor, los edificios se acomodan obedientes a esos significados. El Ayuntamiento, construido también por la iniciativa de Manuel Ibáñez Posada, que lo mira de tu a tu desde la estatua colocada en la plaza. La ecléctica Quinta Guadalupe, con sus llamativos azules, y la adusta casona de Iñigo Noriega Mendoza, de blanco riguroso, arquitecturas de aquellos indianos que como el conde de Ribadedeva y otros tuvieron éxito en “las Américas”, regresando a la tierra natal para contarlo y realizar importantes mejoras en la villa y pueblos. También la Iglesia Parroquial de Santa María con su macizo volumen y las torres cuadradas se asoma desde la altura. Espacio donde se encuentran los poderes terrenales y los espirituales, donde juegan los niños y se celebran las fiestas, la Plaza de Colombres lleva más de cien años cumpliendo de forma sobresaliente la función para la que fue creada.





El Ayuntamiento y la iglesia.






 Casa de indiano propiedad de los herederos de Íñigo Noriega Mendoza y debajo La Quinta Guadalupe o Archivo de Indianos.

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