viernes, 11 de octubre de 2013

Al pie del Cuera













Llanes y Ribadedeva son lugares de encuentro del mar y la montaña. La Sierra del Cuera se levanta en paralelo a la costa y tan cerca de ella, entre 6 y 9 km, que su masa compacta y continua forma por el sur un omnipresente telón de fondo. Nos movemos a lo largo de la rasa litoral y allí, a la vista, aparecen las cumbres del Pico Turbina, con sus 1316 m, de Peñas Blancas o de Cabeza Ubena, siempre que la niebla no las oculte. La irregular muralla de roca caliza se adorna con poca vegetación en su cara norte, la que estamos mirando, pues las manchas de arbolado son escasas y sólo el matorral y la roca pugnan por el dominio del macizo. Al acercarnos, las pronunciada pendientes de las laderas aumentan la impresión de desnudez y hacen nacer la sensación de un difícil acceso. Hay que vencer la resistencia a continuar. La sierra en su interior, entre las dos líneas de cumbres que la forman, guarda pequeños valles, algunos ciegos, y praderas y brañas, a los que durante siglos los pastores llevaron vacas, ovejas y cabras. Guarda las huellas de una actividad minera que se desarrolló durante los dos últimos siglos. Guarda cuevas, simas, corrientes subterráneas, corzos, jabalíes, lobos, hayedos, pequeños encinares y las aldeas donde habitan quienes mejor conocen los pequeños secretos del Cuera.







El paisaje conserva manchas de color y la caliza domina en las cumbres.




















El Turbina visible al fondo corona la sierra.











En algunas laderas se mantienen pequeños bosques.







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