miércoles, 27 de agosto de 2014

La Cueva Arenas en Cué

 




Al este de Cué, en la ensenada de El Gordo, la cueva Arenas abre su boca en el acantilado para recoger las aguas del arroyo y verterlas en la mar. El riachuelo ha ido excavando en el pequeño valle y el cauce forma un grieta en el terreno, donde tan frecuente es la presencia de ganado vacuno pastando. Por la cueva desagua el arroyo, aunque también el agua marina, haciendo el recorrido inverso, se adentra y deja su huella cuando hay oleaje. Entonces, la oquedad trasmite a la tierra el bufido de la mar, sordo y profundo. A veces se convierte en un bramido, tras el que uno se pregunta casi inconscientemente ¿qué ser o animal terrible la habita? Solo es la mar pero la neblina que envuelve la cavidad acentúa el efecto y convierte un fenómeno natural en un paisaje de misterio.







jueves, 14 de agosto de 2014

El algodón de Roñanzas






















El ecosistema formado en el Llano de Roñanzas se caracteriza por la presencia de pocas especies vegetales, al igual que ocurre en la mayor parte de las turberas. Esta escasez se compensa con el interés de las plantas existentes. Son tierras donde crecen los esfagnos, musgos que colonizan las láminas de aguas encharcadas y van formando la turba en sucesivas capas. De las diferentes especies, mi preferida es el junco lanudo o algodón de las turberas. No es la de mayor interés botánico, pero en primavera sus copos blancos contrastan con los tonos verdosos, amarronados y terrosos de la llanura, donde domina el brezo. En ellas se unen la gracilidad y esbeltez del junco con la blancura algodonosa del envoltorio de sus flores. Se desarrollan en grupos más o menos numerosos al lado de las charcas de esfagnos y junto con el humedal que rodea sus tallos forman pequeños enclaves mágicos.





Junco lanudo o algodón de las turberas y brezo.







 











Ventanas que miran al paisaje.

Me gusta descubrir ventanas a biertas, cerradas, nuevas,  viejas y abandonadas.  ...