jueves, 30 de julio de 2015

La costa de Pría a Ribadesella (2)




















Seguimos por el sendero que bordea los acantilados desde Castro Arenas hasta la zona llamada El Infierno. Estamos en territorio riosellano. El paisaje es roca y mar. Roca que se curva en arcos, se ahonda en simas y cuevas, sobresale en promontorios o se fractura en grietas.Alrededor, el mar, bajo las arcadas, al fondo de las simas, desgastando los recortes o llenando los canales. Es difícil destacar qué llama más la atención. 























En el paraje de Jalapuerca, el agua ha socavado la parte baja del acantilado y ya se atisba la luz del otro lado. Poco después, los dos bufones de La Ventanona con sus superficies pulidas nos recuerdan la fuerza de estas aguas. Más allá, el Pico de Palo Verde anticipa el futuro islote en que se va a convertir. La unión del peñón con tierra firme se mantiene gracias a un pasillo rocoso que poco a poco irá desmoronándose hasta dejarlo aislado. El paisaje activa la observación, la imaginación. Todavía no hemos concluido el paseo.

















martes, 14 de julio de 2015

Los arroyos de Vibaño






















Me gusta caminar por los alrededores del pueblo de Vibaño ver la vegetación de ribera, la hierba y las plantas enraizadas bajo el agua.
Hay varios arroyos y todos confluyen en el río Las Cabras o Bedón.




















El arbolado se adapta a los márgenes del agua y la sombra y la humedad favorece un microclima agradable en verano.En invierno es otra cosa.



jueves, 9 de julio de 2015

La costa de Pría a Ribadesella (1)

























Los concejos asturianos de Llanes y Ribadesella son limítrofes. La playa de Guadamía, en Llames de Pría, es llanisca y los acantilados del oeste pertenecen a Ribadesella.  El paisaje costero no cambia. Su perfil  es tanto o más recortado que en la margen contraria, con  promontorios de nombre sonoro: Punta El Castrón, Punta El Cabrero, etc. Es la zona de Castro Arenas, donde hay un área recreativa y podemos ver en los alrededores arena sobre el acantilado, huella dejada por el oleaje. El sendero de la costa es sinuoso; a veces se convierte en un paso estrecho entre las rocas y en otras cruza las depresiones del terreno,  que forman parte de los fenómenos kársticos tan numerosos en este paraje. 

















































 Vamos hacia al área recreativa de El Infierno, pero hasta llegar a ella hemos de caminar unos 9 kilómetros. No hay ocasión para aburrirse y al poco de comenzar encontramos el Pozo Tuerba, un cenote de buenas dimensiones y forma rectangular, que nos vuelve a recordar como en esta costa los límites entre el mar y la tierra no son siempre claros.



























Exposición de Bonsáis en Porrúa

Otro año más la muestra de bonsáis en Porrúa atrae mi atención. Formas rectas, inclinadas ...