jueves, 26 de noviembre de 2015

A pie de ola en Ballota





































Ballota es una playa llena de colores. Cuando en este mes de noviembre la volví a visitar, el buen tiempo iluminaba el arenal con la luz del otoño y pude apreciarlo una vez más. Explico lo de los colores. Una de las características de la playa  es la variedad de afloramientos rocosos en sus acantilados y taludes.   Hay cuarcitas grisáceas, areniscas que combinan los tonos rojizos con los amarillentos y sobre todo una variedad de calizas, claras, oscuras y mis preferidas, las de tonos rosados que reciben el nombre de griotte; incluso hay manchas de marrón rojizo y gris verdoso por la presencia de pizarras y otros materiales.










 Pero ese día de noviembre en que la marea había comenzado a subir, el centro de atención no eran las piedras, sino el agua o, mejor dicho, las olas y quienes las aprovechaban.





























Desde la arena, a pie de ola, en la zona delimitada por la punta de Ballota, el castro del mismo nombre y el crestón calizo que corta la playa hacia el oeste, los practicantes de surf y de bodyboard celebraban una vez más su ritual con el mar. 


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