viernes, 7 de febrero de 2014

Desde Pría (2)


















 
Los acantilados de Pría son uno de los mejores lugares de Llanes para observar, con precaución, la fuerza del mar. En los temporales, las crestas de las olas golpean y rebasan con facilidad los cortes verticales de piedra. Son espectaculares. La piedra desnuda y erosionada -el lapiaz- es el signo evidente de la intensidad de los embates y del arrastre del agua por la cubierta terrestre. Las zonas del acantilado más expuestas se identifican por tener mayor superficie de lapiaz. Con la subida de la marea los campos de bufones aumentan la actividad y la boca de La Bramadoira, capaz de lanzar el chorro de agua a 20 metros de altura, muestra su potencia. El aire se llena de salpicaduras que favorecen los efectos de luz. Pero las imágenes no dan cuenta de todo el impacto que produce este paisaje. Les falta el sonido, los resuellos y estertores de los bufones, el ruido sordo de las olas golpeando el acantilado. Es el mar que brama.









Este paisaje se transforma con la actividad de los temporales de invierno.








                                                                                                                                                                                              


Contemplando la fuerza del agua expelida por los numerosos bufones de
Llames de Pría.





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